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52 agresiones

Cincuenta y dos veces. Cincuenta y dos agresiones a homosexuales en Madrid desde enero de este año. Solo en mi ciudad. Solo en cuatro meses. Cuatro malditos meses.

Cincuenta y dos razones para pelear juntos. Para no bajar la cabeza (porque no vamos a bajar la cabeza). Para no dejar ni un solo día de salir a la calle agarrados a la mano de quien nos dé la gana. Para besarnos donde y con quien nos dé la gana. Para amarnos como y con quien nos dé la gana.

Cincuenta y dos hospitales. Denuncias. Crisis de ansiedad. Fracturas y lesiones. Igual que este viernes en plena Puerta del Sol, cuando tres bestias de esas que, como todo cobarde, solo actúan en grupo se lanzaron sobre dos chicos al grito de “maricones de mierda”. No sé cuánta ignorancia es necesaria para decir y hacer algo así. Ni cuanto odio. Pero el caso es que ocurre y los dos chicos -que podrían ser yo, que podríamos ser cualquiera de nosotros- acaban en un hospital. Y lo más terrible seguro que no es eso, sino el miedo que se te mete dentro. Ese miedo que te hace salir a la calle con la sensación de ser aún más frágil que antes. Mucho más vulnerable.

Cincuenta y dos motivos para exigir que se tomen medidas. Que dejemos de mirar hacia otro lado. Que se reaccione con dureza. Con mucha más dureza de la que ellos golpean. Nos golpean.

Intento empezar el lunes con ganas, pero me cuesta. Solo puedo pensar en ellos, en esa madrugada, en que yo no andaba muy lejos de allí cuando ocurrió aquello y que, si hubiera pasado unos minutos antes de la mano de Ángel, tal vez eso mismo me habría pasado a mí. Pero no voy a dejar de caminar cogido de su mano. Ni de morrearme con él cuando quiera hacerlo. Porque el amor no es algo que pueda ni deba esconderse. Nunca.

Luego, cuando en junio llegue el Orgullo, habrá quien vuelva a decirnos que para qué lo necesitamos. Que ya está todo genial. Que no hay problemas en esta sociedad tan moderna y tan guay que nos hemos construido estos años. A quien nos diga eso habrá que recordarle este jodido número.

Cincuenta y dos agresiones.

Cincuenta y dos ataques.

Cincuenta y dos razones para seguir luchando.

En pie de orgullo.

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