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La lucha continúa

No estamos solos. A veces creo que sí, pero cuando mi mail o mis direct en IG me doy cuenta de que no es así. Porque hasta allí llegan mensajes como el de Paula, o como el de Nerea, o como el de Olga. Las tres estudian en el mismo insti, el Alfredo Kraus, y nos hemos conocido esta semana, en una de esas salidas extraescolares en las que no sacan de las aulas de vez en cuando. Anima saber que hay gente que lucha a nuestro lado, aunque aunque a veces, cuando escuche ciertos comentarios en clase que me dan ganas de vomitar, casi se me olvide. Por eso, dicen, me han escrito. Porque ellas también están hartas de capas, de fachadas, de armarios y de mentiras. Hartas de no poder elegir quiénes queremos ser. De que nos impongan un “normal” que no significa absolutamente nada. Así que les he pedido permiso para colgar aquí sus palabras, por si alguien más ahí se siente como ellas.  Como hoy me siento yo. Por si alguien más quiere gritar que tenemos derecho a ser quien nos dé la gana. Tan simple como eso.

Mientras escribo mi mapa

No sé quién soy, pero quiero saberlo. Por mí, no por los demás, aunque me afecte lo que ellos digan, piensen y hagan. Fachadas, capas. Todos nos cubrimos con ellas. Algunas son más finas, otras más gruesas y otras agujeros a través de los cuales puedes ver verdades a medias. Otras están hechas de remiendos, mentiras que han ido tapando la (verdad) original,  ya que, tijeras,  en forma de críticas, insultos  y gestos han ido cortando el hilo de seguridad que enlazaba todo.  Tijeras a las que ellos llaman ‘anormalidades ‘ y ‘diferencias’,  pero que, en mi opinión son lo que realmente nos define a los seres humanos: que no somos copias idénticas.

Y, si les pregunto, ¿podrán contestarme qué es ‘ser normal’? ¿Acaso ellos lo saben? ¿Es igual para todos? Quiero creer que todos entienden que este concepto (el de normalidad) no existe. Pero eso no es lo que me demuestran, con esas simples palabras que encuentro escritas en la pizarra, en mi mochila o en cualquier lado, y esos simples gestos que resultan no ser tan simples, porque duelen y que, poco a poco, van haciendo daño.

Nadie es normal, todos tenemos nuestras imperfecciones, para algunos, buenas y, para otros, todo lo contrario.

No sé quién soy, lo estoy descubriendo; así que, ¿por qué no dejáis esos comentarios y gestos guardados hasta que acabe de encontrarme?

¿Por qué no me dejáis en paz? ¿Por qué convertís todo en un problema si, en el fondo somos iguales, con distintas percepciones y diferencias que constituyen diferentes esencias?

Esas esencias que nunca nadie debería de querer cambiar u ocultar mientras estamos desorientados intentando escribir nuestros mapas… NEREA A. A.

Sal de tu mundo

Ahora mismo, mientras escribo estas palabras; hace cinco minutos, mientras descansaba, o en el preciso instante en el que estás leyendo esto, solo somos conscientes de nuestro mundo. Ahora puede ser que el único pensamiento que ronde por tu cabeza sea la concentración en buscarle un sentido a lo que estás leyendo, o puede ser que haya algo que te preocupe, que te altere, o que te haga feliz. Pero estoy completamente segura de que ese “algo” que hay en tu cabeza tiene que ver contigo o con la gente que te rodea. Quién sabe si tiene que ver con el amor, con el trabajo, los estudios, la familia, los amigos… Sea lo que sea tiene que ver solo y exclusivamente con tu mundo. ¿Me equivoco?

Si la respuesta es NO te invito a dejar tu mente en blanco por un instante y concentrarte en hacer un viaje, un viaje a un lugar distinto, a una vida diferente. Ahora estás en un lugar que no conoces y a tu lado un hombre o una mujer que triplica tu edad. Esa persona te mira y te sonríe, pero no tiene una sonrisa dulce y cariñosa, sino que tiene una sonrisa desagradable. Tú quieres alejarte y al girarte encuentras a tu padre, a tu madre, a tus hermanos. Les preguntas lo que pasa, y te dicen que estés tranquila. Cuando te das cuenta de lo que de verdad sucede, que te vas a casar con un completo desconocido quieres huir. Les gritas que no quieres, que te dejen libre, pero ellos no te escuchan. Solo piensan en sus intereses económicos, tu vida no les importa. Te das cuenta de que la persona que tienes a tu lado se convertirá en tu dueño, que dentro de unos pocos meses tendrás que cuidar de unos hijos y que tu vida infernal está a punto de empezar. Ahora abre los ojos. Una pesadilla horrorosa, ¿verdad? Respira tranquilo o tranquila, a ti eso jamás te va a pasar. Tu mundo tendrá problemas, como todos, pero ninguno siquiera parecido a ese.

Ahora abre la puerta y sal de tu mundo, vamos a intentar entrar en el de millones de niñas en otros países. Para ellas lo que acabas de vivir no es ninguna pesadilla de la que puedan despertar y continuar con su día a día, para ellas ésta es su vida. ¿Imaginas lo que es levantarse cada mañana sabiendo que nunca podrás tomar una decisión por ti mismo o misma? Si has hecho bien el ejercicio anterior, ahora puedes estar preocupado o preocupada por la situación que sufren estas pobres chicas, o quizás estás pensando que este tema no tiene tanta relevancia como lo pueden tener otros problemas que afectan a la sociedad mundial. Para ti a lo mejor no, para ellas sí.

El matrimonio forzado es el menor de sus problemas. Ahí es donde empieza todo el sufrimiento. Violencia, explotación sexual, humillaciones, insultos… Muchas jóvenes no pueden sobrevivir a esta situación y acaban asesinándose. ¿De verdad podemos dormir tranquilos sabiendo que al mismo tiempo más de 15 millones de niñas solo en África sufren estos abusos? El tráfico de personas mueve 30.000 millones de euros al año, y el 70% de sus víctimas son mujeres y niñas. Solo en Nepal entre 12.000 y 15.000 niñas lo sufren cada año.

Lo más probable es que sea muy difícil que tú o yo cambiemos esta realidad, pero al menos vamos a mostrársela al mundo. OLGA LL. J.

La lucha continúa

En la actualidad, parte de la sociedad pelea en dos guerras paralelas que son necesarias ganar para conseguir un mundo totalmente libre, sin distinciones ni prejuicios.

Una de esas batallas es la lucha contra el machismo que comenzó hace varias décadas y que, por desgracia, todavía no ha finalizado, a pesar de que cada vez con más frecuencia, aunque no siempre, la sociedad trata por igual tanto a mujeres como a hombres.

La otra gran guerra es la de la lucha contra la homofobia, que se inició hace ya bastante tiempo aunque, desgraciadamente hasta ahora, no se le había dado la importancia que se merecía.

Desde pequeños, nos han enseñado el modelo del matrimonio perfecto formado por un hombre y una mujer, pero… ¿Es posible un esquema de pareja algo distinto?

La respuesta es variada dependiendo de la generación a la que se le formule esta pregunta. La mayoría de nuestros abuelos, o incluso, de nuestros padres, responderían que sería inviable cualquier otro modelo de matrimonio que no estuviera compuesto por dos personas de sexos opuestos pero, afortunadamente, gran parte de nuestra generación, la de los adolescentes y los jóvenes, piensan que es posible y quieren que sea posible. Que es fundamental en un mundo como en el que vivimos hoy en día, la existencia de parejas heterosexuales al igual que de aquellas formadas por homosexuales.

Por eso, ante esta notable mejora de la sociedad, los jóvenes debemos aceptar y respetar a la gente que ama a otra persona de su mismo sexo, en lugar de criticarla o agredirla por el simple hecho de no ser personas que siguen la “normalidad”.

Nosotros, la juventud, tenemos que alzar la voz para que cada 28 de junio, gente de diferentes orientaciones sexuales, lesbianas, gais, bisexuales, transexuales y heterosexuales unamos nuestras voces para demostrar a esos cobardes que se esconden tras insultos, que no nos vamos a rendir, que la diversidad es fundamental para conseguir un mundo con más libertad de expresión, más variado y menos monótono.  Ya que, un mundo que roza la perfección necesita personas diferentes, que son únicas, que son humanas. PAULA F. R.                                                                                                          

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